En algún momento de sus vidas más de la mitad de todas las mujeres latinoamericanas
han sido objeto de agresiones en sus hogares. Un 33 por ciento fue víctima de abusos
sexuales entre las edades de 16 y 49 años, mientras el 45 por ciento recibió amenazas,
insultos y la destrucción de objetos personales.
Las Naciones Unidas considera que la violencia en contra de las mujeres es un
obstáculo para el desarrollo por sus consecuencias sobre las economías de los países.
Al mismo tiempo tiene efectos sociales y culturales. De acuerdo con el concepto de
desarrollo humano de las Naciones Unidas, la violencia contra las mujeres afecta su
bienestar, su seguridad, sus posibilidades de educación y de desarrollo personal.
Este año el 25 de noviembre Día Internacional de "No Más Violencia contra las
Mujeres" se enmarca dentro de la campaña de las Naciones Unidas por los derechos
humanos de las mujeres y las niñas, a propósito de la celebración de cincuentenario de
la Declaración Universal de Derechos Humanos. Hace dieciséis años, los movimientos de
mujeres de América Latina y el Caribe institucionalizaron esta fecha para denunciar las
diversas formas de violencia ejercidas contra las mujeres. Se escogió ese día en memoria
de tres luchadoras sociales dominicanas Patria, Minerva y María Teresa Miraval,
asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por la dictadura de Leonidas Trujillo.
Es importante destacar que a partir de la década del 70, las conferencias mundiales de
las Naciones Unidas crearon las condiciones para dar visibilidad al fenómeno de la
violencia de género y fomentar una conciencia crítica en la comunidad internacional.
Invasión a la personalidad
El artículo 1º de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la
Mujer de la Asamblea General de las Naciones Unidas (diciembre, 1993), define como
violencia de género:..."todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo
femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o
psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o
privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como
privada".
Una de las expresiones más traumáticas de la violencia de género es la violación,
incluido el acoso sexual. La violación en particular ha sido definida como una invasión
de las partes más íntimas y privadas del cuerpo de la mujer, y a su personalidad, así
como una ofensa a la dignidad del ser humano. Muchas de las víctimas que han sobrevivido
a la violación dicen que como consecuencia de ese hecho experimentan un sentimiento de
aniquilación.
El Informe Violencia contra la mujer en la comunidad (1996), de la Relatora
Especial de Naciones Unidas Radhika Coomaraswamy, destaca que a igual que los
sobrevivientes de otros hechos traumáticos como la guerra o la tortura, "las
víctimas de violación suelen sufrir de una forma de depresión postraumática denominada
síndrome del trauma de violación, que es común en personas que se han visto enfrentadas
a situaciones de miedo insuperable, terror, indefensión".
En los últimos años el número de casos de violación ha aumentado en casi todos los
países del continente. En México, según la Fiscalía del D.F., se comete un promedio de
82 violaciones cada día. La mayoría no es denunciada. El Centro de Crisis de la Mujer de
Jamaica dio a conocer en 1985 17 casos de violación; en 1996 esta cifra creció a 186. De
los 1.279 casos de violación y abuso sexual registrados durante 1993 en ese país, el 38
por ciento de las víctimas tenía entre 18 y 25 años, mientras que el 44 por ciento eran
niñas menores de 16 años.
Política sexual represiva
Referirse a la violencia en contra de las mujeres es abarcar un conjunto de hechos y
situaciones vinculados a la condición femenina en el mundo actual. La falta de derechos
en el plano de lo económico, social, político y cultural convierte a las mujeres en
seres de segunda clase, dependientes y vulnerables frente a los demás.
Esto es más claro respecto a la violencia doméstica, que vista por la sicóloga
dominicana Dinnys Luciano, constituye "la expresión de una política sexual
represiva que utiliza múltiples mecanismos tanto en los espacios denominados públicos
como los privados para controlar la vida, el cuerpo, la sexualidad y las capacidades
emocionales, intelectuales y afectivas de las mujeres".
Una violación a los derechos humanos
Considerar la violencia contra las mujeres y las niñas como una violación de derechos
humanos, es uno de los logros de los movimientos de mujeres durante la II Conferencia
Mundial de Derechos Humanos de Viena en 1993. En marzo del siguiente año, la Comisión de
Derechos Humanos de las Naciones Unidas mediante una resolución acordó integrar los
derechos de la mujer dentro de los mecanismos de derechos humanos del sistema. También
esa Comisión procedió a nombrar a una Relatora Especial sobre Violencia contra la Mujer,
acogiendo el pedido de las organizaciones de mujeres en la Conferencia de Viena. La
misión de la Relatora es la de recopilar y recepcionar información sobre situaciones de
violencia de género en todos los países del mundo.
Para llegar a este reconocimiento han sido necesarias décadas de acciones y
movilizaciones de todo tipo. La coyuntura de la Década de la Mujer proclamada en 1975 por
las Naciones Unidas fue el marco adecuado. En 1980, durante la II Conferencia
Internacional del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Mujer realizada en Copenhague,
se plantea por primera vez la importancia de sacar a luz un asunto que se consideraba
privado.
Una de las resoluciones de la Conferencia con el título de "La mujer maltratada y
la violencia en la familia", insta a reconocer que los malos tratos infligidos a
familiares "constituyen un problema de graves consecuencias sociales que se perpetúa
de una generación a otra". (Hanna Binstock, 1997).
En 1982, el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas reunido en Ginebra,
estableció que los malos tratos contra mujeres y niñas, la violencia en la familia y las
violaciones, constituyen una ofensa a la dignidad del ser humano. Más adelante, en la III
Conferencia Internacional del Fin del Decenio de la Mujer de Naciones Unidas (Nairobi,
1985), se destaca por primera vez que la violencia contra la mujer en la familia es un
importante obstáculo para la paz. La declaración instó a los gobiernos a crear
"conciencia pública sobre la violencia contra la mujer como un fenómeno
social". (Binstock, 1997).
Otras medidas tomadas por el sistema de Naciones Unidas fueron: la Resolución en 1986
del Consejo Económico y Social que declara que la violencia en la familia es una grave
violación de los derechos de la mujer. La Declaración en 1991 de la Comisión de la
Condición Jurídica y Social de la Mujer, sobre la necesidad de reunir a un grupo de
expertas/os para elaborar un instrumento internacional a fin de enfrentar esta situación.
La Recomendación en 1992 del Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la
Mujer, para que los gobiernos eliminen la violencia contra la mujer por tratarse de una
forma de discriminación de género.
En 1995, la Asamblea General urgió a los Estados parte a reforzar en las legislaciones
nacionales, sanciones penales, civiles, laborales y administrativas para castigar la
violencia contra las mujeres, tanto en el ámbito privado como público. Estableció,
además, que todas las formas de violencia sexual y de tráfico de mujeres, son una
violación de los derechos humanos de las mujeres y de las niñas. Esta fué la primera
vez que se aprueba una resolución sobre las niñas. (Binstock, 1997).
Esto significa que los Estados miembros deben perseguir penal y civilmente todas estas
expresiones de violencia, de idéntica forma como persiguen cualquier delito. Para ello
tienen que promulgar reformas legislativas que amparen a las mujeres que han sido objeto
de violencia, tipificando los malos tratos como delitos en los códigos penales.
Por otra parte, uno de los objetivos estratégicos de la Plataforma de Acción aprobada
en la IV Conferencia Internacional sobre la Mujer (Beijing, 1995), es realizar estudios
acerca de las causas de la violencia de género y la búsqueda de metodologías para
elaborar programas de prevención.
Costos ocultos de la violencia doméstica
La violencia ejercida dentro del recinto familiar ha merecido especial preocupación
tanto por las organizaciones de mujeres, como por investigadoras/es, organismos de
gobierno y agencias de desarrollo. Y es que este tipo de violencia afecta no sólo a las
mujeres sino al entorno familiar, especialmente a las niñas y niños. Legisladores
federales de México dieron a conocer recientemente que el 90 por ciento de los menores de
edad víctimas de palizas y abuso sexual son niñas, quienes además reciben una
alimentación inferior en calidad y cantidad a la de los niños y otros miembros de la
familia (Fempress, 1998).
De acuerdo a un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) realizado en
Nicaragua en 1997, las hijas/os de madres golpeadas tienen tres veces más probabilidad de
requerir atención médica. Un 63 por ciento de niñas/os expuestos a violencia
intrafamiliar repetirá por lo menos un grado escolar. En promedio, abandonan la escuela a
los 9 años de edad.
Otro aspecto igualmente poco destacado, es el que se refiere a la relación entre
dependencia económica y violencia física. El mismo estudio del BID encontró que el 41
por ciento de las mujeres no asalariadas son golpeadas por sus maridos o convivientes,
frente al 10 por ciento de las con trabajo remunerado víctimas de tal abuso. Ciertamente,
lo que está en juego son las relaciones asimétricas de poder entre mujeres y hombres que
determinan en última instancia, la posición de subordinación y vulnerabilidad de las
mujeres independientemente de su situación socioeconómica.
Logros visibles
Las diversas campañas y movilizaciones realizadas desde 1982 por grupos y
organizaciones sociales de mujeres, ONG y oficinas estatales de la región para llamar la
atención sobre la violencia de género, han tenido importantes consecuencias tanto en el
plano de las reformas jurídicas como en la tarea de sensibilizar a la opinión pública
sobre este flagelo.
Un rol importante tiene la Red Feminista Latinoamericana y del Caribe contra la
Violencia Doméstica y Sexual que reúne a grupos, ONG, y personas comprometidas con
programas de capacitación e investigación para la prevención de la violencia sexista, y
cuya coordinación ejecutiva está a cargo de Isis Internacional en Santiago de Chile.
América Latina y el Caribe fue el primer continente en obtener un instrumento
jurídico de importancia como es la Convención sobre la Prevención, Erradicación y
Sanción de la Violencia en Contra de las Mujeres, aprobada en 1994 por la Organización
de Estados Americanos (OEA), firmada y ratificada por 23 países miembros.
Otro factor determinante en esta lucha, son las diversas iniciativas llevadas a cabo
por redes y ONG de mujeres traducidas en campañas y programas especiales, como los
centros de ayuda médica, legal y sicológica y las casas-refugio; acciones de
capacitación a través de cursos y seminarios dirigidos a los cuerpos policiales, entre
otras.
A su vez, los gobiernos han facilitado la creación de Comisarías de la Mujer, y
promulgado legislaciones especiales. Después de la aprobación de la Convención de
Belém do Pará, se han aprobado leyes contra la violencia intrafamiliar en Argentina,
Chile, Panamá, Uruguay, Ecuador, Bolivia, Costa Rica, México, Colombia, República
Dominicana, Perú, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Venezuela.
Estos avances en materia legislativa son muy importantes. Sin embargo, como afirman
activistas del movimiento antiviolencia, se requieren campañas sostenidas a todo nivel
para cambiar las mentalidades que aún hoy ven como algo natural la violencia contra las
mujeres.
Precisamente la campaña convocada por las agencias de las Naciones Unidas por los
derechos humanos de las mujeres y las niñas, apunta a esa dirección, ya que está
destinada a promover y hacer conciencia en todos los sectores de la sociedad sobre los
costos económicos, sociales y culturales de la violencia de género.
Fuente:Centro de Información y Documentación de Isis Internacional
Correo Electrónico: isis@reuna.cl
LA VIOLENCIA EN CIFRAS
En Uruguay, el Centro de Atención Integral a Adolescentes, El
Faro, dio a conocer en 1996, que de los 250 casos recepcionados, el 95 por ciento fueron
por maltrato y abuso sexual intrafamiliar. (UNFPA).
Según el Instituto Nacional de Medicina Legal de Medellín,
Antioquía, Colombia, uno de cada 10 casos de abuso sexual es contra niñas menores de 4
años. (UNFPA).
En Bolivia, la violencia doméstica afecta más a las mujeres
entre 17 y 36 años, y la violencia sexual a las adolescentes. (UNICEF).
En Belém do Pará, Brasil, marineros extranjeros tuvieron
relaciones sexuales con niñas de 9 a 14 años por 30 dólares. Uno de ellos dijo que esa
ciudad "es el paraíso sexual del mundo (...) Se puede conseguir una niña de la edad
que se quiera y en el momento que desee". (Violencia contra la niña y la
adolescente: Campaña Regional por los derechos humanos de las mujeres y en contra de la
violencia, 1998).
La Comisaría de la Mujer y la Familia de Guayaquil, Ecuador,
reportó 6.153 casos de violencia intrafamiliar producidos entre octubre de 1996 y abril
de 1997. De este total, 92.72 por ciento correspondió a mujeres agredidas. (Informe
Estadístico Nº9 de la Fundación María Guare, 1997).
De acuerdo a estudios realizados por el BID en varios países de
la región, la violencia ejercida contra las mujeres en el ámbito familiar, conduce a una
caída en la calidad de vida, a un aumento en las tasas de mortalidad y a una mayor
inestabilidad laboral. (Inter Press Service, 1997).