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SALUD: LOS RIESGOS DE LA VIOLENCIA DE GENERO
¿De qué manera la violencia afecta la salud de las mujeres? Según el Banco Mundial,
en las economías de mercado establecidas, la violencia de género es responsable por uno
de cada cinco días de vida saludable perdidos por las mujeres en edad reproductiva.
Estudios recientes destacan que la violencia de género es una causa significativa de
enfermedades y muertes femeninas, producto de golpizas durante el embarazo, de violaciones
conyugales, de abuso sexual en la niñez, de abortos practicados en malas condiciones
sanitarias, de esterilizaciones forzadas, de carencias alimentarias y de escaso acceso a
los servicios de salud, entre otras causas.
A lo largo de las dos últimas décadas las organizaciones de mujeres hicieron de la
violencia de género un tema prioritario en sus actividades, logrando que fuera reconocida
como un asunto de derechos humanos por el gran impacto que ejerce sobre la vida y la salud
física y emocional de ellas. A su vez, dentro de este reconocimiento se incluyen los
derechos sexuales y reproductivos mediante los cuales toda mujer puede libremente ejercer
su sexualidad y adoptar decisiones sobre la reproducción sin sufrir discriminación,
coerción ni violencia.
La Plataforma de Acción de la IV Conferencia Internacional de la Mujer realizada en
Bejing en 1995, reconoce "los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos
por ser una parte inalienable, integral e indivisible de los derechos humanos
universales", según la experta María José de Alcalá de UNFPA. Esto significa que
la violación de este derecho constituye una forma de violencia de género, que tiene
impacto en la salud física y mental de las mujeres.
El concepto de derechos sexuales y reproductivos a partir de su formulación en la IV
Conferencia Internacional de Población y Desarrollo efectuada en El Cairo en 1994, está
ligado al enfoque de género, que establece una relación diferente entre medicina y salud
de acuerdo con lo aprobado en dicha Conferencia, ya "que entraña la capacidad de
disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos de procrear" (CIPD, 7,
2). Como advierte la sicóloga colombiana María Ladi Londoño, "este concepto
afirma explícitamente el derecho particular de mujeres y hombres a decidir la
procreación, cuándo y con qué frecuencia, contando con información y diversos métodos
para la regulación de la fecundidad".
Un aspecto que fue priorizado en la Conferencia de El Cairo, fue que debían hacerse
esfuerzos especiales para insistir en la responsabilidad de los hombres promoviendo su
participación más activa en la paternidad responsable, el comportamiento sexual y
reproductivo y en todo lo concerniente a la salud de su familia.
Problema de salud pública
De lo que se trata, a juicio de algunas activistas del movimiento de mujeres, es que
los gobiernos y la comunidad en general consideren la violencia como un problema de salud
pública. Así lo señaló en su momento el Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer
(UNIFEM): "Las mujeres no pueden contribuir de lleno con su labor o con sus ideas
creativas si están agobiadas por las heridas físicas y psicológicas del abuso". En
1993, la Organización Panamericana de la Salud, en un estudio titulado: La violencia
contra las mujeres y las niñas: análisis y propuestas desde la perspectiva de la salud
pública, destaca que la violencia contra las mujeres y las niñas tiene un fuerte impacto
sicológico en la autoestima femenina, deteriorando su capacidad de obrar por sí mismas y
generando sentimientos de incompetencia. El estudio señala que los intentos de suicidio
son doce veces más frecuentes entre mujeres que son víctimas de agresiones que las
demás. A su vez las que han sido violadas o golpeadas, tienen mayor riesgo de caer en el
consumo de alcohol y otras sustancias dañinas para la salud, así como son susceptibles a
la depresión y revelan personalidades desarticuladas e inseguras.
Otra investigación realizada en 1994 bajo el título "Violencia contra la Mujer:
la carga oculta de salud" de las expertas Lori Heise, Jacqueline Pintanguy y Adrianne
Germain, y publicado por el Banco Mundial, apunta a llamar la atención sobre el escaso
interés por documentar el fenómeno en las instancias pertinentes. "Casi no se ha
prestado ninguna atención política a la ubicación de la violencia contra la mujer como
tema de salud pública y se ha hecho menos aún por abordar las causas subyacentes del
abuso. Los esfuerzos por lograr que se reconozca a la violencia como un tema de
justificado interés internacional, se han visto obstaculizados por la falta de datos
poblacionales sobre el abuso y sus consecuencias sobre la salud".
De acuerdo con este estudio, existe en la región una alta incidencia de casos de
violencia cometidos contra mujeres embarazadas de parte de sus cónyuges o parejas. Ellas
son el blanco preferido presentando un riesgo dos veces mayor de aborto espontáneo y
cuatro veces mayor de tener una/un niña/o de bajo peso al nacer. En México, una muestra
de 342 mujeres elegidas al azar, indicó que 20 por ciento de quienes fueron golpeadas
informaron que habían recibido puñetazos en el estómago durante el embarazo. En Costa
Rica, un estudio realizado sobre 80 mujeres golpeadas que acudieron a las instancias
judiciales, señaló que 49 por ciento denunció haber recibido golpes durante el
embarazo. De ellas, 7,5 por ciento sufrieron aborto espontáneo debido a la violencia. A
esto debe agregarse los cuadros de desnutrición, doble carga de trabajo y ningún acceso
a los servicios de salud.
En Chile, un estudio prospectivo de 161 mujeres, reveló que quienes viven en zonas
política y socialmente violentas, tenían un riesgo cinco veces mayor de tener
complicaciones durante el embarazo como pre-eclampsia, parto prematuro, amenaza de aborto
espontáneo e hipertensión gestacional. Otra gama de la violencia en el terreno de la
salud está referida a las relaciones sexuales forzadas, un hecho bastante frecuente. El
estudio mencionado indica que mujeres de Perú y Guatemala que viven con maridos
alcohólicos y violentos fueron objeto de violaciones en repetidas oportunidades. El 58
por ciento de esposas golpeadas en Bolivia y Puerto Rico informaron haber sido agredidas
sexualmente por sus maridos. En Colombia la tasa llegó a 46 por ciento.
Atentado a la salud sexual
Precisamente una de las expresiones de violencia de género es la que está vinculada
con la reproducción. Por regla general, las mujeres no tienen poder de decisión sobre su
sexualidad y maternidad. Muchas no recurren a la anticoncepción por miedo a las
represalias de sus maridos ya que éstos la relacionan con la infidelidad, basados en la
lógica de que la protección contra el embarazo permite que la mujer sea promiscua. Otro
aspecto a considerar es la escasa información existente sobre los servicios públicos de
el tema, donde por ejemplo, no tienen cabida ni las mujeres solteras ni las adolescentes.
También muchos de estos servicios no ofrecen confiabilidad porque carecen de personal
entrenado adecuadamente o ejercen actitudes coercitivas reñidas con la ética.
Otro fenómeno que configura un atentado a los derechos sexuales y reproductivos de las
mujeres es la mortalidad materna, que en la región reviste carácter de pandemia. De
acuerdo al Informe Mujeres del Mundo: Leyes y Políticas que Afectan sus Vidas
Reproductivas, Edición América Latina y el Caribe, del Centro Legal para los Derechos
Reproductivos y Políticas Públicas, de Estados Unidos, en la actualidad el promedio de
muertes maternas en la región es de 194 mujeres por cien mil nacidos vivos: la cuarta
tasa más alta del mundo. La causa principal el aborto clandestino, llega a los 4 millones
al año, de los cuales 800 mil casos requieren hospitalización por complicaciones
subsecuentes. En el Caribe, el aborto representa el 30 por ciento de las muertes maternas.
"En su mayor parte, advierte la experta Bárbara Crosette refiriéndose a la
magnitud de este fenómeno, éstas no son muertes de mujeres enfermas, o de las de muy
ancianas o muy jóvenes, sino de mujeres sanas en la mejor etapa de su vida".
Pasos importantes
Hace una década la Organización Mundial de la Salud tomó la iniciativa de iniciar
una cruzada denominada Por una Maternidad sin Riesgos, para llamar la atención
sobre el problema de morbilidad materna e instando a los gobiernos a implementar
políticas de salud acordes a las necesidades de las mujeres. Por su parte los movimientos
de la salud de las mujeres de América Latina y el Caribe instauraron desde 1987 el Día
Internacional de Acción por la Salud de la Mujer, tomando como eje central la mortalidad
materna. Esta fecha se celebra cada 28 de mayo en todos los países de la región. Desde
los inicios de la campaña del 28 de mayo, las activistas insistieron en presentar este
problema como una expresión de la violencia de género manifestada en la ausencia de
políticas de salud destinadas a las mujeres más pobres, así como en las actitudes
despreciativas, misóginas, racistas y autoritarias expresadas en los servicios de salud,
además de los escasos recursos orientados a mejorar la cobertura de los programas de
salud reproductiva en una coyuntura de privatizaciones impuestas por el modelo neoliberal.
Como muy bien señala María José de Araújo, médica brasileña, son tres las razones
que determinan la caótica situación en este ámbito. Primero "la crisis económica
que afecta directamente al sector salud; segundo un modelo médico asistencialista, y
tercero la poca voluntad política para intervenir en el sector salud por parte de los
gobiernos, por considerarlo no rentable para las arcas fiscales". Araújo señala que
en Sao Paulo, una de las ciudades con mayor renta per cápita de América Latina, en 1992
el gobierno había asignado apenas el 6,73 por ciento de la inversión pública para el
área de salud.
En este plano, se ha establecido que las muertes maternas están directamente ligadas a
la cobertura institucional de los partos y que el mal estado nutricional de las madres de
los sectores pobres contribuye a no poder enfrentar el parto en buenas condiciones. Así,
la hemorragia y la toxemia son causas importantes de muerte materna. Otro capítulo
dramático son los casos de infecciones y sangramientos por abortos incompletos y cuadros
de peritonitis aguda resultando frecuentes las histerectomías. Por regla general los
hospitales carecen de condiciones adecuadas para asegurar el seguimiento de las mujeres
que han abortado, como tampoco ofrecerles apoyo emocional o brindarles asesoría sobre
anticonceptivos.
Si los derechos sexuales y reproductivos son la punta de lanza de la violencia de
género, las palabras de Nafis Sadik, Directora Ejecutiva del Fondo de
Población de las Naciones Unidas a propósito del Día Internacional de la Mujer, son
bastante esclarecedoras dentro del marco de la Campaña de Naciones Unidas por los
derechos humanos de las mujeres en el año de celebración de los 50 años de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos. Ella dijo: "La privación de los
derechos reproductivos de las mujeres causa cada año la muerte de millones de mujeres,
además de enfermedades y discapacidades evitables a muchas más. Para millones de
mujeres, los derechos sexuales y reproductivos representan la diferencia entre la vida y
la muerte. Para muchos más millones, esos derechos son la clave de una vida libre de
enfermedades, libre de malos tratos y libre de sojuzgamiento económico".
Fuente:
Centro de Información y Documentación de Isis Internacional
Correo Electrónico: isis@reuna.cl
ALGUNAS CIFRAS
En México, una muestra de 342 mujeres elegidas al azar reveló que el 20% que fueron
golpeadas dijeron haber recibido puñetazos en el estómago durante el embarazo. (Heise,
Pitanguy, Germain).
En Costa Rica, un estudio de 80 mujeres golpeadas que presentaron denuncias formales,
declararon haber sido golpeadas durante el embarazo. De ellas 7,5% sufrieron aborto
espontáneo debido a la violencia. (Heise, Pitanguy, Germain).
En Chile, una muestra de 161 mujeres, reveló que quienes viven en zonas política y
socialmente violentas, tenían un riesgo cinco veces mayor de complicaciones durante el
embarazo como pre-eclampsia, parto prematuro, amenaza de aborto espontáneo e
hipertensión gestacional. (Heise, Pitanguy, Germain).
El 58% de esposas golpeadas en Bolivia y Puerto Rico informaron haber sido agredidas
sexualmente por sus maridos. (Heise, Pitanguy, Germain).
El promedio de muertes maternas en América Latina y el Caribe es de 194 mujeres por
cien nacidos vivos: la cuarta tasa más alta del mundo. (Centro Legal para los Derechos
Reproductivos y Políticas Públicas de EE.UU.).
En Colombia, una de cada tres mujeres de zonas rurales no tiene ninguna asistencia
médica durante el embarazo. (Control Ciudadano Nº 2, 1998).
La mortalidad materna en los hospitales de El Salvador es de 68 por 100 mil nacidos
vivos. Aquí no se incluyen los casos producidos en los domicilios, ni las muertes no
registradas en los hospitales. (Control Ciudadano, Nº 2, 1998)
En Venezuela, el Ministerio de Salud y Asistencia Social, identifica como principales
determinantes de los problemas del área, el aumento de la pobreza, el alto porcentaje de
embarazos de menores de 20 años y las deficiencias asistenciales del sector público.
(Control Ciudadano, Nº 2, 1998).
El cáncer cérvico uterino es una de las principales causas de muerte de las
mexicanas. Cada año mueren cerca de 4 mil 500 mujeres en edad reproductiva. Según esto,
diariamente fallecen 12 mujeres: una cada dos horas. (Servicio Informativo de CIMAC).
Según estudios del Fondo de Población de Naciones Unidas, en varios países
latinoamericanos, el 30% de las adolescentes ha tenido por lo menos un hijo antes de los
20 años.
Según la Encuesta Nacional Demográfica y Salud Familiar del Perú (ENDES), en 1996 la
mortalidad materna marcó un incremento de 265 por cada 100 mil nacidos vivos.
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